lunes, 6 de enero de 2025

Recorriendo Colombia: Bahía Solano y El Valle

Hace más de siete años, fui por primera vez a Bahía Solano. Era en julio y mi objetivo principal era ver ballenas, lo que pude hacer. Ya en aquellos entonces me encantó ese lugar, ver como la selva entra en el océano Pacífico que oculta y descubre hermosas playas al son de sus mareas. 

En noviembre de 2024 decidí volver, esta vez para descubrir el corregimiento de El Valle y participar en un programa de conservación y liberación de tortugas marinas.


Bahía Solano fue fundada como colonia agrícola del municipio de Nuquí en 1935. Fue en 1962 cuando fue separada de Nuquí y elevada a la categoría de municipio.

El Valle es un corregimiento ubicado a 45 kilómetros de Bahía Solano.


No hay carreteras que lleven a la Costa Pacífica del Chocó. Saliendo del aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, cogemos una avioneta y menos de una hora más tarde, sobrevolamos la pista del José Celestino Mutis. Tenemos que dar unas vueltas esperando que, según nos comenta el piloto, atrapen a un caballo que se escapó y está corriendo en la pista de aterrizaje.

Saliendo del aeropuerto, nos recogen en carro para llevarnos a El Valle por una pista que se convierte en carretera. Allí nos subimos a unas motos que nos llevan por la playa hasta el eco-hotel Mama Orbe Family Eco-Farm, donde después de almorzar nos enseñan una cabaña muy bien equipada la cual será nuestro hogar durante esos días.


Nos instalamos, descansamos y damos un paseo entre árboles frutales y florales del alojamiento, y por la playa para admirar la belleza de los azules y rosados que nos ofrece el cielo que refleja en las olas del océano. El atardecer se acerca, el sol se hace menos intenso y Pedro nos lleva al Tortugario del hotel y nos explica cómo se lleva a cabo el programa de conservación y liberación de tortugas: por la noche, cuando las tortugas llegan a la playa a desovar, Pedro recorre la playa y espera pacientemente y sin ruido. 


Un amiguito que hice en el hostal

Cuando la tortuga madre ya regresó al océano es cuando desentierra los huevos (habiéndose lavado las manos previamente únicamente con agua del mar), los lleva en una bolsa de tela y los vuelve a enterrar en el tortugario. De esta forma, están protegidos de los múltiples depredadores (sobre todo los perros) que podrían alimentarse de ellos. Cuando eclosionan y salen las tortugas, las protegen unos pocos días dentro de un recinto hasta poder liberarlas en la playa, cuando las condiciones son las mejores para permitir una mayor probabilidad de supervivencia de las tortugas.



Fue en el día en el que llegamos que pudimos participar de la liberación de estos seres indefensos. Es más que aconsejable no tocarlas para evitar transmitirles cualquier tipo de bacterias que uno tiene en las manos.



Estamos cenando mientras la marea sube, y de repente Pedro nos dice que le sigamos. Nos vamos hacia la playa y allí está, al lado de un tronco escupido unas semanas antes por la marea, una tortuga golfina dejando sus huevos. Con extrema precaución y silencio para no estresarla, nos situamos detrás y esperamos a que acabe. Regresa hacia el océano y cuando estamos seguros de que ya está nadando hacia las profundidades del Pacífico, Pedro desentierra los huevos. Esta vez fueron 122 los que puso.



Si ver las ballenas en años anteriores fue muy conmovedor, ¡imagínense para mí lo que significó ver una tortuga poner sus huevos, y liberar tortugas! Todavía me asombro al recordarlo.


Después de un buen desayuno en el segundo día, vienen a buscarnos en lancha, pues vamos a visitar los alrededores. Nos comentan que tenemos mucha suerte, pues los días anteriores había estado lloviendo. Hoy toca el Parque Nacional Natural de Utria

El desayuno en Mama Orbe Family Eco-Farm

Según nos cuenta, Utria significa "la más bella" en la lengua emberá. El pueblo Emberá Dovida, también conocido como "hombres de río" viven en el área del Atrato, el área del Baudó y los afluentes costeros del Pacífico, de allí muchos vocablos de la región en este idioma. 

Después de una detallada y amena explicación por parte de los cuidadores del parque, emprendemos el camino entre manglares, selva y playa. Se ven peces, insectos, se oyen pájaros. Estamos en medio de la naturaleza, alejados del bullicio, solo con los relajantes ruidos del entorno.


Una pintura que describe las nefastas consecuencias ambientales de ciertas acciones humanas




Volvemos a subirnos a la lancha en dirección a una isla con una playa de arena negra por un lado (debido al entorno volcánico), y de playa blanca por el otro (debido al coral). Estamos en Playa La Cuevita e Isla Playa Blanca, donde aprovechamos para almorzar, darnos un chapuzón y disfrutar de un mar que nos ofrece decenas de colores. Unas fotos más y subimos de nuevo a la lancha...



El almuerzo en Playa Blanca


... para llegar a la Playa de Cocalito. El cielo se nubla, caen algunas gotas pero se mantiene. Recorremos la playa, subimos a las rocas, recogemos algunas piedritas y conchas, nos damos un chapuzón más, nos relajamos y volvemos a subir a la lancha para regresar al hostal. El día siguiente nos recogerá de nuevo para ir a otra parte.




Ha llovido toda la noche, y sigue lloviendo. El mar está muy picado. Esperamos a ver si se calma este temporal. Aparece la lancha, nos subimos a pesar de la intensa lluvia y del viento, pues ¡hemos venido a descubrir y a disfrutar de la aventura! ¡No sería aventura si todo fuera fácil! ¿O sí? Partimos hacia la Cascada El Tigre y Río Juna

La lancha golpea las olas muy duro, nos acercamos... a la izquierda tenemos una roca, a la derecha también y delante de nosotros una ola inmensa que tenemos que superar para llegar a la playa... pero también tenemos un excelente piloto de lancha que consigue llevarnos a buen puerto. 



La cascada es hermosa, con muchísima agua... sin embargo, no podremos hacer el recorrido por el río hasta los pozos, pues el río está demasiado crecido. El temporal amaina un poco, así que salimos y nos vamos por el pueblo. Vamos a recorrer El Valle, la Playa del Almejal, vamos a probar el viche y a conversar con la gente de allí, además de ver las artesanías, antes de regresar al hostal. 





El Chocó me atrapó con su encanto hace ocho años. Cuando me fui de Quibdó, hace unos seis años, me dijeron que iba a ser una de las embajadoras de esta región. ¿Y saben qué les digo?


Si quieren vivir una experiencia real, con los únicos lujos de vivir cerca de la naturaleza, de disfrutar del silencio y de la tranquilidad, de gente amable, sencilla y acogedora ¡la costa pacífica chocoana es el lugar! 

Volví al Chocó, volví a Bahía Solano y volví a enamorarme. Les dejo unas cuantas fotos más para que también se enamoren.











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