Mostrando entradas con la etiqueta Recorriendo Bogotá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recorriendo Bogotá. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de noviembre de 2025

Recorriendo Bogotá: Un pedacito del Huila y del Cauca en la capital


Entre mármol y memoria: el arte que talla la historia en Los Mártires


En la calle 24 con carrera 19B, en el corazón de Los Mártires, detrás de un CAI, hay un rincón donde Bogotá parece transformarse. Entre polvo de mármol, flores frescas y el eco lejano del Cementerio Central, se alzan esculturas que recuerdan a las de San Agustín y Tierradentro, junto a otras de estilo modernista, talladas con la misma paciencia ancestral.

Este lugar se llama Parque de los Talladores en Piedra, inaugurado en 2011 como resultado del Festival de la Piedra y la Flor. Allí, marmoleros, floristas y artistas exponen las obras que nacen de sus manos, las mismas que dan forma a lápidas, mausoleos y recuerdos. El espacio fue posible gracias a la iniciativa del gestor cultural Teófilo Hernández, conocido por todos como Teo, quien ha dedicado su vida a dignificar el oficio de tallar la piedra.

Nacido en Ibagué, Teo aprendió el arte desde los siete años. Su talento lo ha llevado lejos: es autor de la escultura Me quedas tú en el Parque El Renacimiento, restaurador del monumento de María en la hacienda El Paraíso, y creador del busto de Omaira Sánchez, símbolo de la tragedia de Armero. Pero su mayor orgullo está aquí, en estas calles donde los talladores y floristas mantienen viva la memoria de los muertos y el pulso de la ciudad.


Pronto, el Plan Parcial Calle 24 promete renovar la zona, integrando espacios como el Parque de los Talladores, el Parque Boston y el complejo monumental de cementerios. Para Teófilo, la noticia es esperanzadora:
Los talladores somos patrimonio inmaterial del sector. Mantener este oficio es mantener viva la historia del territorio.


En Los Mártires, entre mármol, piedra y flores, el arte se convierte en memoria. Cada escultura es una huella que le recuerda a Bogotá que también su belleza puede nacer del silencio, la paciencia y la piedra.


Así que si no han tenido la oportunidad de viajar a San Agustín o Tierradentro pero quieren acercarse a dichas culturas, vayan a ese rinconcito de Bogotá, donde el tiempo parece haberse detenido por un instante.



martes, 12 de agosto de 2025

Ciudad Montes: Crónica de un Barrio que ve caer sus Casas y alzar Torres sin Alma

El lunes, el parque de Ciudad Montes parece otro lugar. No hay piñatas, ni carros con baúles abiertos sonando reguetón, ni humo de asadores improvisados. Solo unos niños en bicicleta, un par de ancianos jugando dominó, y yo, recién llegada de la costa pacífica, tratando de entender dónde había aterrizado después de casi dos años lejos de Bogotá.

Fue en ese parque donde decidí, desde el principio, hacer mis caminatas entre semana. Había visto lo que se armaba allí cada fin de semana: familias de toda la ciudad llegaban a celebrar cumpleaños, a descansar bajo la sombra de los árboles o a armar sus fiestas portátiles. Y aunque el bullicio tenía su encanto, yo buscaba otro ritmo.


Arrendé un apartaestudio a escasos metros del parque, en una calle que aún conserva algunos vestigios del pasado: una placa que recuerda que Antonio Nariño estuvo preso allí, casas bajas con patios escondidos y una vecindad donde aún se saluda con un “buenos días” al pasar. Llegué hace casi ocho años, extranjera y sola, con más preguntas que certezas.

Recuerdo bien las advertencias. “¿Vas al sur? ¿Estás loca? Allí te van a robar, violar, matar”. Me lo dijeron colombianos y también otros inmigrantes —o expats, como algunos prefieren llamarse, como si el origen diera caché a la experiencia migratoria. Pero no escuché. Quise hacerme mi propia opinión.

Y me quedé.

La Octava Sur, entonces, era una vía tranquila, con algunos restaurantes y bares frecuentados por vecinos que sacaban el carro el sábado para ir a almorzar en familia. Era una zona viva, pero no agitada. Luego, la estación de TransMilenio “Sena” cerró, y con ella comenzó un proceso que transformó el barrio: la construcción del metro prometía mejorar la movilidad, pero también abrió la puerta a la especulación y al reordenamiento urbano.

Las casas unifamiliares —muchas con jardines que contaban la historia de generaciones— fueron demolidas. En su lugar, se levantaron edificios de cemento y vidrio, impersonales, con locales comerciales que se repiten: restaurantes que prometen experiencias “únicas”, pero sirven lo mismo de siempre, a precios inaccesibles para la clase media que aún habita aquí.

Las constructoras avanzan, “convenciendo” a las pocas familias que quedan de vender su casa de uno o dos pisos, para construir sobre ella torres sin balcones, sin aire, sin alma. Y pienso: ¿no aprendimos nada del encierro de 2020? En esos meses de pandemia, todos anhelábamos un rincón al aire libre, una ventana por donde entrara el sol. Muchos se hicieron con un perro solo para tener una excusa legal para salir. Cinco años después, seguimos construyendo como si la vida ocurriera solo adentro.


Me adapté al barrio. Lo recorrí, lo entendí, lo quiero. Hice amigos —y, al parecer, algún enemigo también—. Pero me inquieta esta fiebre constructora que parece no tener fin. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué calidad de vida se puede esperar cuando vivir se reduce a habitar una caja sin balcón ni vista?

Amo Bogotá. Es de las pocas capitales que conozco donde aún hay tantos parques, zonas verdes, cerros que miran la ciudad desde arriba. Pero, ¿cuánto tiempo más podremos sostener esta cordura urbana si seguimos alejándonos del verde, del silencio, del aire puro?

Desde que llegué, han pasado muchas cosas. Algunos murieron. Hubo asesinatos que aún no se explican. Sicarios contratados por mentes oscuras con dinero suficiente como para matar sin ensuciarse las manos. También hubo casos ligados al narcotráfico. Incluso se habló de un secuestro hace unos años.

Y luego están los influencers. La mayoría, más interesados en las invitaciones gratuitas que en el criterio, reseñan restaurantes donde la comida no se puede ni terminar. El espectáculo se impone sobre la calidad.

Uno de mis mejores amigos también fue asesinado. No ocurrió en Ciudad Montes, sino en Medellín, donde hacía unas prácticas. Pero él vivía a dos cuadras de donde vivo yo. Su caso, como tantos otros, se tornó oscuro, turbio, sin justicia.

A veces vuelvo al parque un lunes cualquiera. No hay globos ni fiestas. Solo niños jugando entre árboles viejos que, por ahora, siguen en pie. Y me pregunto: ¿cuánto más resistirá este barrio? ¿Cuánto más resistiremos nosotros?


martes, 29 de julio de 2025

Tradiciones Culinarias: el Ajiaco Santafereño

El ajiaco es uno de los platos más representativos de Bogotá, capital de Colombia. Esta sopa espesa y reconfortante tiene un origen ancestral que se remonta a los Muiscas, pueblo indígena que habitó (y habita) la altiplanicie cundiboyacense. 

Ellos preparaban una sopa a base de papas, maíz y ají —de ahí proviene su nombre— como parte de su dieta cotidiana. Con la llegada de los colonizadores españoles, el ajiaco incorporó nuevos ingredientes como el ajo y las carnes, especialmente el pollo. 

Más tarde, en el siglo XIX, la influencia culinaria francesa trajo consigo la adición de crema de leche y alcaparras, transformando el plato en la versión que hoy conocemos. 

Actualmente, el ajiaco se sirve con pollo desmechado, mazorca tierna, papa en diferentes variedades, guascas (una hierba aromática local), alcaparras, crema de leche y aguacate. 

Su preparación cuidadosa y su sabor reconfortante lo han convertido en símbolo de la identidad bogotana. Tanto así, que cada año se celebra un concurso para elegir el mejor ajiaco de la ciudad. 

Aunque el ajiaco tradicional es propio de Bogotá, en otras regiones del país existen versiones con ingredientes y estilos adaptados a sus contextos culturales y gastronómicos. 


Un ajiaco auténtico y sabroso debe incluir: 

  • Tres tipos de papa: Papa sabanera, de textura firme Papa criolla, amarilla y de sabor dulce Papa pastusa o paramuna, ideal para espesar la sopa 
  • Pollo (preferiblemente muslo o pechuga desmechada) 
  • Mazorca (trozos tiernos de maíz) 
  • Guascas, la hierba indispensable que le da su sabor característico 
  • Cebolla, ajo, sal y pimienta al gusto 
  • Crema de leche y alcaparras, añadidas al gusto en el momento de servir 
  • Acompañamientos tradicionales: aguacate en tajadas y pan con mantequilla 




El ajiaco no es solo un plato; es una expresión de historia, tradición y sabor colombiano. Ideal para los días fríos de Bogotá, esta sopa sigue conquistando corazones por su sabor profundo y su rica herencia cultural.

martes, 8 de julio de 2025

Recorriendo Bogotá: el Humedal Santa María del Lago

Ubicado cerca del famoso centro comercial Titán Plaza, en la localidad de Engativá, se trata de uno de los humedales con mejor calidad de agua, que cuenta con observatorio de aves (previa reserva) y auditorio.

En el Humedal Santa María del Lago, se han registrado hasta el momento 86 especies de aves y tiene una extensión de 10,86 hectáreas, la mitad de ella siendo la superficie acuática. Algunos de sus objetivos son preservar la biodiversidad, restaurar la flora y la fauna autóctonas, y también cuenta con zonas de educación ambiental y recreación.


Flora: Entre la flora podemos encontrar sauces y alisos, juncos y sombrillitas de agua, acacias, eucaliptos, arrayanes, cerezos y muchas más especies. 



Fauna: En cuanto a la fauna, se pueden observar diferentes tipos de tinguas, cucaracheros, monjitas, patos zambullidores entre otros. Este humedal también recibe la visita de patos canadienses que migran desde América del norte durante el invierno boreal. También existe variedad de peces.




El punto negativo de dicho humedal es su extrema cercanía a edificios de apartamentos. Después de pasar de manos en manos y de una urbanización desenfrenada de la zona en los años 50 y 60, allí se desarrolla actualmente un programa de rescate que incluye la restauración ecológica del sistema, la eliminación de escombros, el desarrollo de senderos peatonales, andenes, ciclorutas y miradores. También se está adelantando la construcción de un colector que permitirá conducir las aguas residuales a otro sitio. 





martes, 17 de junio de 2025

Recorriendo Bogotá: Casa Cultural La Estrategia

Existen joyas en el centro de Bogotá al lado de las cuales uno a veces pasa sin ni siquiera darse cuenta. 

Muchos Colombianos vieron la película "La Estrategia del Caracol". Pues resulta que la casa donde fue filmado este clásico del cine colombiano se ha convertido en una Casa Cultural.


Casa Cultural La Estrategia

¡Y es que este edificio tiene mucha historia! El predio data de entre 1850 y 1860, cuando se levantaron las primeras casa de bahareque y barro del barrio. 


Ubicada muy cerca de la Casa de Nariño, en la Calle 8 # 8-44, cuenta hoy en día con una galería de antigüedades, una sastrería, un café, un restaurante y varias habitaciones en arriendo. 


¡Pero no siempre fue así! Después de haber sido un famoso hotel capitalino del cual conserva parte del mobiliario, un inquilinato ocupado por poetas, artistas, banqueros y españoles exiliados en los años 80, pasó a ser ocupada de forma ilegal por un sacerdote en los 90 quien llevaba una fundación supuestamente destinada a ayudar a algunos habitantes sin recursos. Tal y como ocurre en la película, después de siete años de pleito, él y los "inquilinos" fueron desalojados, sin antes destruir muchas partes de la casa.

Declarada patrimonio arquitectónico de interés cultural y de estilo republicano, viven allí varios hijos del dueño, quienes la mantienen con muchas ganas y esfuerzo. Hoy en día, también se llevan a caso tours fantasmas con la agencia Tegua Travel y se visualizan cortos de terror, pues ocurrieron varios acontecimientos en algunas de las habitaciones, entre los cuales destaca el fallecimiento de uno de los actores que participó en la película. Hoy en día, suelen ocurrir acontecimientos paranormales.


Película La Estrategia del Caracol

Clásico del cine colombiano, esta película dirigida por Sergio Cabrera, permanece en la memoria de mucho a pesar de haber pasado treinta años. Tal vez la frase o la imagen que la mayoría recuerde sea "Aquí tienen su hp casa pintada", pared que hoy en día subsiste dentro de la casa y delante de la cual la foto es obligada. Conocida como La Casa Uribe en la película, la trama cuenta la historia de unas personas humildes y de diversos orígenes quienes se ven forzados a abandonar sus apartamentos por haber sido desalojados. Tal y como ocurrió irónicamente en la vida real con este edificio, se rebelarán y dejarán parte de la casa destrozada antes de irse.




lunes, 12 de mayo de 2025

Feria Internacional del Libro de Bogotá, Filbo 2025

Mi cita anual imprescindible, mi "must" como dirían algunos, la cual este año empezó el 25 de abril y acabó el 11 de mayo. Este año el país invitado de honor era España, el pabellón del cual estaba dedicado a la construcción de la paz. Como cada año fui varios días, y el primero me dediqué a comprar parte de lo que tenía en mi lista. Luego, todo se descontroló y acabé comprando otras (más) cosas, pero este año, fue aún mejor que el año pasado si cabe.


¿Por qué me preguntarán?

Porque pude acudir a la presentación de Vírgenes y Toxicómanos, de Mario Mendoza, en el auditorio de Corferias. También tuve la oportunidad de que me firmara dos libros (el último que presentó y Paranormal Colombia). Fueron dos filas largas, y varias horas de espera pero valió la pena, y por varias razones: porque lo vi, intercambié unas palabras con él y tomé fotos (¡lo amo!), claro, pero porque este año, mientras estábamos esperando, conocí a lindas personas con los mismos gustos e intereses que los míos. 





También conocí a Keco Olano y Heidi Muskus, los dibujantes y coloristas de los cómics y las novelas gráficas de Mario. Son dos personas muy cercanas, con las cuales también hablé bastante (para lo que viene a ser una Filbo) y me encantó conocerlas.



También porque aunque no me lo esperaba, tuve la oportunidad de que Yokoi Kenji me firmara su último libro, el cual estoy ahora leyendo, tomar una fotos e intercambiar también unas palabras con él.



Con mi amigo Sebastián también estuvimos en el conversatorio del escritor español Javier Moro, el cual nos hizo reír mucho y el penúltimo día de la feria para aprovechar los descuentos.


Pero la Filbo es más que eso también: son libros y más libros, el ineludible stand de Bestiario de mi amigo Karmao (donde este año compré Lakao y el Bestiario Andino); el stand de Book y Magia, donde conocí personas increíbles; el de Editorial Monigote, el de Arte y Conservación, la parte de Colombia Ancestral, donde se encontraba el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia; bandas musicales, y muchas más cosas que se me escapan mientras estoy escribiendo este post.



Hay tantas actividades y tantos autores que siempre queda algo a lo que uno no puede ir (además de tener que trabajar y estudiar). En mi caso, me quedó pendiente conocer a José Luis Uribe y a Luca




¡Hasta el 2026!