lunes, 8 de diciembre de 2025

Velas que alumbran lo que fui y lo que viene

Y pasó otro 7 de diciembre, Día de Velitas, una de las celebraciones que más disfruto. En realidad, para mí es una de las más importantes del año. La luz de las velas siempre ha sido un símbolo poderoso: ilumina, acompaña, guía. Por eso decidí escribir este post hoy, día 8, y no esperar a finales de año como hace la mayoría. Aunque agradezco profundamente a los amigos que estuvieron presentes, también me faltaron personas muy importantes. Personas a las que me hubiera gustado tener ayer, aunque fuera solo por diez minutos, para encender un par de velas a mi lado. 


Quiero reconocer desde ya lo que este año me dejó. Lo que deseo para el año que viene, prefiero guardármelo. Hace tiempo dejé de hacer planes porque la vida me enseñó que entre más planes hago, más cosas inesperadas ocurren.

Este 2025 ha sido una verdadera montaña rusa. Perdí a uno de mis mejores amigos, una ausencia que todavía me cruza el pecho. También viví desapariciones y se cerraron ciclos que ya eran necesarios. Y esos cierres, lejos de doler, me brindaron tanta paz y tranquilidad que solo puedo agradecer que finalmente ocurrieran. No fueron dolorosos ahora, porque el dolor ya lo había vivido durante años antes de dejarlos ir. Cuando finalmente se cerraron, lo que sentí fue alivio. Paz. Espacio para ser yo misma, sin temor.

Pienso en los rostros que dejé ir para mi propio bien, en los que encontré en el camino, en los lugares a los que llegué casi sin planearlo, en los que se quedaron y en los que recién aparecieron. Este año me transformó de muchas maneras, algunas duras, otras profundamente hermosas.

Este año también abrió caminos inesperados. Inicié una formación que me gusta muchísimo, una decisión que me devolvió entusiasmo, enfoque y motivación. Gracias a ese proceso que apenas comienza, conocí personas nuevas que se convirtieron en parte esencial de mis días y que hicieron posible la apertura de nuevos ciclos.


Un año más, el apoyo de ASW ha sido increíble. Además de ser una plataforma donde he crecido profesionalmente y conocido gente valiosa, este año me otorgó un reconocimiento por mi labor 2024, premio que incluyó un viaje a Estados Unidos. También me brindó la posibilidad —tan emocionante como estresante— de dar un discurso en inglés ante cientos de personas, algo que nunca imaginé hacer y que terminó siendo uno de mis mayores logros del año. Gracias a ASW también conocí nuevas personas que hoy forman parte de mi historia.


Este también fue el año de materializar sueños que ya estaban escritos —literalmente.
Publiqué dos libros que llevaba tiempo guardando (y aún hay más esperando su momento).
El primero, un libro de cuentos lanzado en enero, fue seleccionado para estar disponible en varias librerías de Colombia —incluida la Librería Nacional— además de Amazon y Buscalibre. Ver esas historias llegar a otras manos fue una de las mayores alegrías del año.
El segundo, con un enfoque más académico, salió en octubre después de mucha revisión y la decisión de finalmente compartirlo con el mundo.

Descubrí nuevos lugares, tanto en la ciudad como fuera de ella. Volví a Santa Marta y me reconcilié con esa ciudad después de 8 años. Tuve, nuevamente, la fortuna de hablar con Mario Mendoza, quien incluso respondió la carta que le entregué en la FILBo. Ese gesto fue otra luz dentro del año.



También reafirmé algo importante: nunca hay que esperar una fecha o un día especial para empezar algo. Yo misma empecé a hacer deporte un 26 de octubre, un domingo y además fin de mes. Nada “ideal”, nada simbólico… pero ahí comenzó un cambio real.

Prendí algunas velas por quienes estuvieron, por quienes faltan, por los caminos que se abren y por la luz que quiero seguir encendiendo en mí y en los demás. Y aún me quedan velas por prender, porque creo que para eso tampoco debemos elegir una fecha especial. Se pueden encender en cualquier momento, sola o acompañada, cuando lo sienta, cuando crea que es necesario.

Incluso en los años más complejos siempre queda algo por agradecer… y siempre queda algo por esperar.



¡Feliz inicio de la Navidad!

jueves, 27 de noviembre de 2025

Recorriendo Bogotá: Un pedacito del Huila y del Cauca en la capital


Entre mármol y memoria: el arte que talla la historia en Los Mártires


En la calle 24 con carrera 19B, en el corazón de Los Mártires, detrás de un CAI, hay un rincón donde Bogotá parece transformarse. Entre polvo de mármol, flores frescas y el eco lejano del Cementerio Central, se alzan esculturas que recuerdan a las de San Agustín y Tierradentro, junto a otras de estilo modernista, talladas con la misma paciencia ancestral.

Este lugar se llama Parque de los Talladores en Piedra, inaugurado en 2011 como resultado del Festival de la Piedra y la Flor. Allí, marmoleros, floristas y artistas exponen las obras que nacen de sus manos, las mismas que dan forma a lápidas, mausoleos y recuerdos. El espacio fue posible gracias a la iniciativa del gestor cultural Teófilo Hernández, conocido por todos como Teo, quien ha dedicado su vida a dignificar el oficio de tallar la piedra.

Nacido en Ibagué, Teo aprendió el arte desde los siete años. Su talento lo ha llevado lejos: es autor de la escultura Me quedas tú en el Parque El Renacimiento, restaurador del monumento de María en la hacienda El Paraíso, y creador del busto de Omaira Sánchez, símbolo de la tragedia de Armero. Pero su mayor orgullo está aquí, en estas calles donde los talladores y floristas mantienen viva la memoria de los muertos y el pulso de la ciudad.


Pronto, el Plan Parcial Calle 24 promete renovar la zona, integrando espacios como el Parque de los Talladores, el Parque Boston y el complejo monumental de cementerios. Para Teófilo, la noticia es esperanzadora:
Los talladores somos patrimonio inmaterial del sector. Mantener este oficio es mantener viva la historia del territorio.


En Los Mártires, entre mármol, piedra y flores, el arte se convierte en memoria. Cada escultura es una huella que le recuerda a Bogotá que también su belleza puede nacer del silencio, la paciencia y la piedra.


Así que si no han tenido la oportunidad de viajar a San Agustín o Tierradentro pero quieren acercarse a dichas culturas, vayan a ese rinconcito de Bogotá, donde el tiempo parece haberse detenido por un instante.



miércoles, 19 de noviembre de 2025

Cuarta edición de la ELT Conference: innovación y crecimiento en la enseñanza del inglés

El pasado 4 de noviembre tuvo lugar la cuarta edición de la ELT Conference, organizada por American School Way en alianza con Pearson. En esta ocasión, el evento se desarrolló en el auditorio de la Universidad Uniminuto y en la sede de ASW Titán.


Después de tres exitosas ediciones, lo hicimos de nuevo, incorporando nuevas ideas e innovaciones, como las cápsulas de recomendaciones a los conferencistas y la creación del ELT Journal.



Pero… ¿qué es una ELT Conference?

Una ELT Conference (English Language Teaching Conference) es un encuentro académico y profesional dedicado a la enseñanza del inglés como lengua extranjera. Reúne a docentes, investigadores y expertos para compartir experiencias, metodologías, innovaciones pedagógicas y materiales didácticos. Su objetivo principal es mejorar la práctica docente y fomentar el desarrollo profesional en el ámbito de la enseñanza del inglés.




Y ahora, en lo personal… ¿qué pasó este año?

Por segundo año consecutivo, tuve el honor de formar parte del grupo de organización y planificación del evento. Además, esta vez participé en el discurso de bienvenida junto con mi colega y amiga María Fernanda Gaitán, y en la presentación de nuestra ponente internacional, la Lic. Mónica Rodríguez Salvo. También compartí con mi colega y amigo Nicolás Chaparro una sesión concurrente (la misma que presentamos en Asocopi).


Fueron muchos los nervios, muchísimo el trabajo… pero el resultado fue tan gratificante que el cansancio desapareció —al menos por un día—. Una vez más, fue una experiencia increíble, que espero repetir el próximo año. Cada edición trae nuevos retos, pero también nuevas alegrías, porque un reto, al fin y al cabo, está allí para ser superado.




Quiero agradecer de corazón a ASW y Pearson (gracias a quienes tuve la oportunidad de viajar a TESOL Long Beach y Asocopi Santa Marta), a todos los compañeros que siempre están ahí —ya sea de frente o tras bambalinas— apoyando en todo momento, y por supuesto, a mis amigos (y a mi hermana) por ayudarme a mantener la calma cuando los nervios se hacen sentir.

Pueden descubrir más sobre las ediciones pasadas de la ELT Conference en el siguiente enlace: ELT Conference by ASW & Pearson



martes, 11 de noviembre de 2025

Su mayor deseo

Les comparto un relato corto, el cual espero les guste.

Tomé la foto en el Cementerio Central de Bogotá, Colombia, en octubre del 2022.





martes, 4 de noviembre de 2025

Docencia (y otras profesiones): el contrato pone horas; la vocación pone alma

Recientemente vi en redes sociales un mensaje que me llamó la atención y decía así: 

Docentes: su tiempo libre no pertenece a la institución. No respondan mensajes fuera del horario laboral ni trabajen sin remuneración los fines de semana. Su vida personal y su familia también merecen respeto.


Cuando uno elige una profesión, antes de dedicarse a ella, tiene que entender muy bien lo que conlleva. Tomo mi propio ejemplo: de pequeña, como muchos saben, mi deseo era trabajar en el ejército o en la policía. Sabía muy bien, desde que tenía 10 años, lo que eso implicaría: ir a donde me enviaran, trabajar fines de semana, días festivos o de noche, y posiblemente tener que dejar a la familia a un lado en muchos momentos. 

Quien estudia para ser médico, cirujano, enfermero o veterinario también entiende que muy seguramente le pasará lo mismo: hay urgencias, emergencias, horarios extendidos y la posibilidad de que te llamen en cualquier momento para atender lo que esté pasando.

La docencia, sin llegar a ese extremo, tiene algo en común: según la institución, pasas determinado número de horas en el colegio, instituto o universidad, pero es evidente que el “tiempo libre” no es tan libre si realmente tu vocación es enseñar. Hay que preparar clases, adaptarlas, revisar, corregir, calificar, modificar, actualizarse… La enseñanza no termina cuando sales del salón.

Si trabajar los fines de semana o días festivos te molesta, entonces quizá lo mejor sea elegir un trabajo de oficina con horarios estrictamente definidos. Siempre he creído que estas profesiones —y otras similares— deben ser vocacionales. Si no estás dispuesto a ceder en temas de tiempo y compromisos, es preferible optar por otra labor. El problema es que muchos eligen estas carreras pensando en el salario, en las vacaciones o en tener más tiempo libre, y se estrellan cuando descubren que no es así.

Lo que sí debería preocuparnos más —a docentes y a la sociedad entera— es la creciente ola de violencia en su contra, producto de la falta de respeto de muchos estudiantes, e incluso, a veces, de algunos padres. Se olvidan de su responsabilidad, no educan en casa, permiten todo, y terminan amenazando, violentando e incluso asesinando a profesores por una mala nota. Hemos visto casos recientes en Estados Unidos y Europa, y no dudo que esta tendencia pueda llegar a Colombia.

Por eso, más allá de discutir cuántas horas se trabaja o si la responsabilidad termina al salir del salón, vale la pena detenerse a reflexionar. Para quienes sienten que preparar, calificar o planear fuera del aula es una carga injusta, quizá sea momento de mirarlo desde otra perspectiva: ese tiempo silencioso, que nadie ve, es el que realmente transforma las clases, construye aprendizajes y marca la diferencia entre “dar clase” y enseñar.

En mi caso, llegué a la docencia más tarde que la mayoría. Antes trabajaba en oficina, con horarios estrictos y definidos. Y sí: ser profesora implica muchas más horas de dedicación, ya sea en clase o en casa. Sin embargo, la ganancia emocional y mental lo vale. Me siento realizada haciendo esta labor, y para mí, eso es lo que se llama vocación.

Claro, todos tenemos derecho al descanso, a la familia y a la vida personal. Pero enseñar no es una tarea mecánica: es formar personas, abrir mundos, despertar curiosidad, sembrar valores. Quizás, si cada docente viera el impacto real de ese esfuerzo extra —aunque nadie lo aplauda, aunque no esté “en el horario”— comprendería que ese tiempo adicional no es una pérdida, sino parte esencial del arte de educar. 

Porque al final, la docencia no es solo un trabajo: es una huella. Y las huellas que transforman vidas no se construyen únicamente dentro del salón de clase, ni dentro de un reloj.



martes, 28 de octubre de 2025

Redes, Eloy Moreno

Una vez más, Eloy Moreno la rompe con este libro. Una obra que todos deberían leer: niños, adolescentes y adultos. Especialmente quienes, en algún momento —ya sea porque lo notamos o porque alguien nos lo hace ver—, descubrimos que nos hemos vuelto adictos a las redes sociales… incluso si es solo a una. Este libro es para cualquiera que se sienta prisionero del mundo digital, para quien se haya preguntado si tanto tiempo conectado le está haciendo bien. Una lectura necesaria para tomar conciencia del daño que el uso excesivo de las redes puede causar, no solo a los demás, sino también a uno mismo.



Sinopsis:

¿Cuántos likes vale tu felicidad?

Se pasas unas horas más viendo los viajes maravillosos, los cuerpos perfectos y todos los outfits que se prueban cada día los influencers. Y se siente mal porque ella no puede llevar la vida que ve en las redes, sabe que nunca podrá alcanzar una felicidad así.

Emotiva, conmovedora, diferente... Redes narra, a través de los ojos de una adolescente, una historia que se ha convertido en la realidad de todos nosotros.


Mi opinión:

De lectura sencilla y fácil de seguir, el último libro de Eloy Moreno —al igual que su primera parte, Invisible— nos invita a reflexionar sobre temas profundamente actuales. Protagonizado en su mayoría por adolescentes contemporáneos, la historia nos sumerge en una realidad que no solo afecta a los jóvenes, sino también a muchísimos adultos.

El autor aborda con claridad y sensibilidad cómo las redes sociales, si no se usan con responsabilidad, pueden tener un fuerte impacto en nuestra salud mental. Aunque sabemos que la tecnología avanza cada día, es crucial ser conscientes de cómo, cuándo y para qué la utilizamos... y también reconocer cuándo necesitamos tomar distancia de ella.

Uno de los puntos más interesantes que se tratan en el libro es el de los famosos bots y las personalidades creadas mediante inteligencia artificial. Si no estamos atentos, si no desarrollamos una mirada crítica y perspicaz, es muy fácil caer en engaños. La era digital exige más que nunca una mente activa, crítica y selectiva.

Además, la historia nos muestra el lado más humano (y doloroso) del uso de redes sociales: la presión por los "likes", los comentarios de odio que se lanzan desde el anonimato, y las adicciones que se generan a partir de la validación constante.

Sin embargo, no todo es negativo. El libro también ofrece un mensaje esperanzador y conmovedor. El gesto final de Álex hacia Betty es de una belleza y generosidad que no dejará a nadie indiferente.

Como docente, creo firmemente que esta obra es ideal para trabajarla en el aula. Nos brinda herramientas para hablar de emociones, empatía, identidad digital y salud mental, temas urgentes que muchas veces quedan fuera de los espacios educativos.

No se trata de satanizar las redes sociales, sino de sensibilizarnos y educar en su uso responsable. Enseñar a nuestros jóvenes (y también a nosotros mismos) a ser más críticos y selectivos con lo que vemos, seguimos, consumimos y compartimos.

Porque detrás de cada pantalla, hay una persona. Y cada clic, cada palabra, tiene impacto.

 

Algunas de las citas que más me gustaron

"Afortunadamente estaban tan ocupados en sus pantallas que no se han fijado en que me estaba cayendo una lágrima."

"Empecemos a manejar al rebaño -es la frase con la que siempre comienza las reuniones."

"Hace millones de años nos gastábamos millones en campañas de publicidad en medios de comunicación y en cambio, hoy en día, contratando a unos cuantos influencers obtenemos más beneficio."

"No tengo el cuerpo perfecto de las chicas que veo en internet, no me cambio de ropa varias veces al día, no compro mil accesorios inservibles, no llevo la vida de las personas que veo en las redes, no visito lugares idílicos, no tengo los labios hinchados, no anuncio ni promociono nada, no me hago selfis en el espejo poniendo morros de pez, no bailo ni hago el idiota de ninguna manera, no voy al gimnasio para hacerme fotos, no sé trucos de cocina ni de maquillaje... tampoco soy una experta en nutrición ni cuento todas las tonterías que me pasan al día..."

"[...] la imagen de una niña en ropa interior viaja a través de la red, de hecho, a través del mundo."

"Hay algo más cutre que comprar la misma ropa que lleva una influencer?"

"Sabe que a veces el dolor físico le quita el otro, el que le nace en el interior de sus pensamientos."

"El problema de cometer un error sin consecuencias es que al hacerlo de nuevo ya no lo ves como un error, [...]"

"Sabe que han sacado de contexto sus palabras, [...]"

"La parte que nunca he entendido es la otra, la de la gente a la que le gusta ver cómo unos padres prostituyen la intimidad de sus hijos."




martes, 14 de octubre de 2025

Herencia de Tinta, Entre Páginas y Plumas

Hace unos meses les compartí con mucha ilusión que mi cuento “Entre páginas y plumas” fue seleccionado para formar parte de la antología internacional “Herencia de Tinta”, que reúne 15 relatos de distintos autores. 


Hoy me alegra contarles que ya recibí algunos ejemplares impresos (aunque en cantidad muy limitada). 


Si alguien desea adquirir un libro, puede escribirme por mensaje privado a través de WhatsApp o Instagram. 


Espero de corazón que disfruten esta obra tanto como yo disfruté ser parte de ella.




jueves, 9 de octubre de 2025

Una primera experiencia como ponente en Asocopi 2025, Santa Marta

El 2 de octubre de 2025 quedará grabado en mi memoria. Ese día viví algo completamente nuevo: mi primera experiencia como ponente en una conferencia internacional, nada menos que en ASOCOPI 2025, el congreso nacional de docentes de inglés más importante del país, el cual este año tenía lugar en la Universidad del Magdalena, en Santa Marta.



Recuerdo los nervios de los días previos, repasando ideas, los ajustes y ensayos de última hora… y sobre todo, la emoción de representar a American School Way junto a Nicolas Chaparro, mi jefe, colega y amigo, quien me acompañó en esta aventura desde el primer momento.




Nuestra charla se tituló “How the GSE (Pearson) and the Ambassadors Program (ASW) Help Build More Inclusive Teaching”, y en ella compartimos cómo en ASW estamos creando espacios de aprendizaje más inclusivos, dinámicos y globales. Hablamos del programa de Embajadores Socioculturales y del Global Scale of English (GSE) de Pearson, dos iniciativas que se complementan de una manera preciosa para hacer del inglés una herramienta de conexión, no solo de comunicación.




Mirando atrás, me doy cuenta de todo lo que hubo detrás de esos 40 minutos frente al público: horas de preparación, trabajo en equipo, apoyo incondicional y sobre todo mucha ilusión. Por eso, quiero dar las gracias de corazón a American School Way y a Pearson, por creer en nosotros y hacer posible este espacio. También a todas las personas que nos animaron, que escucharon nuestras ideas, que nos ayudaron a pulir cada detalle… ustedes también fueron parte de esta presentación.

Y, por supuesto, gracias Nico, por tu confianza, tu paciencia y por compartir conmigo esta primera vez. ¡Ojalá sea la primera de muchas!


También quiero agradecer con todo mi cariño a quienes estuvieron pendientes desde la distancia, enviando mensajes, buenas vibras y palabras de ánimo por WhatsApp antes, durante y después de la ponencia. Cada uno de esos mensajes me hizo sentir acompañada, sostenida y parte de una red hermosa de personas que creen en mí. 

Más que una ponencia, fue un viaje: uno que me recordó por qué amo enseñar, por qué vale la pena salir de la zona de confort y por qué los sueños profesionales realmente pueden cumplirse.

Si quieren ver la presentación completa, pueden hacerlo aquí: enlace a vídeo







martes, 30 de septiembre de 2025

Recorriendo Colombia: Tabio, Cundinamarca

Con el lanzamiento de Tomsa, la nueva colección de Somos Mhuyscas, aproveché la oportunidad para descubrir un pueblo que hasta entonces no conocía: Tabio.


El pueblo

Ubicado a poco más de 30 kilómetros de Bogotá, el nombre Tabio proviene de la palabra muisca “Teib”, que significa “abolladura” o “boquerón”, una descripción que encaja perfectamente con su particular situación geográfica: está situado junto al desfiladero del Río Frío, rodeado por imponentes montañas.

Antes de la llegada de los colonizadores, este territorio era un importante centro de recreo del Zipa, máxima autoridad del pueblo muisca, símbolo de poder y tradición. El casco urbano se encuentra a aproximadamente 2.569 metros sobre el nivel del mar, mientras que la zona de Llano Grande alcanza los 3.200 metros, ofreciendo paisajes y climas muy variados.

Tabio también es conocido —junto con el cercano municipio de Tenjo— por ser un punto caliente para el avistamiento de ovnis, especialmente en la mística Peña de Juaica. Según la tradición local, este lugar es donde los extraterrestres suelen aterrizar para admirar la belleza del pueblo. Esta creencia tiene raíces muiscas, pues la Peña antes era llamada el “Brazo del Diablo”, de donde se decía que emanaban luces sobrenaturales. Hoy, se considera que este promontorio es una especie de pirámide natural y un portal místico.


Con calles empedradas y casas coloniales pintadas de vivos colores, Tabio es un pueblo que respira historia, tanto indígena muisca como católica. Al llegar al centro, uno se encuentra con un kiosco que lleva casi 80 años en pie, así como con abundante información que cuenta la rica historia de este lugar.


Pero Tabio no es solo su parque principal; sus alrededores y tradiciones esconden aún mucho más por descubrir:





Ermita de Santa Bárbara

La Ermita de Santa Bárbara es una de las construcciones más antiguas de Tabio y un símbolo del encuentro —y conflicto— entre dos mundos. Fue la primera capilla edificada por los españoles tras su llegada al territorio, con el propósito de adoctrinar a los muiscas, los habitantes originarios de la región.

Se trata de una pequeña construcción en piedra, de aspecto sencillo pero cargada de historia, que corona una loma desde donde se obtienen hermosas vistas del paisaje tabiano. Su ubicación no es casual: en tiempos coloniales, las alturas eran elegidas tanto por su valor estratégico como espiritual, y aún hoy conserva una atmósfera de recogimiento y silencio.

Visitarla es acercarse a uno de los puntos más significativos del patrimonio religioso e histórico de Tabio, donde se puede reflexionar sobre los inicios de la colonización y su huella en la arquitectura, la fe y la cultura local.



Iglesia de la Inmaculada Concepción

De estilo barroco y pintada de un blanco resplandeciente, la Iglesia de la Inmaculada Concepción se alza en el costado occidental del parque principal de Tabio, siendo uno de los íconos más representativos del municipio. Su historia se remonta a épocas coloniales, cuando en el mismo lugar existía una pequeña capilla construida en tapia pisada y con techo de paja, erigida sobre un antiguo cementerio indígena.

La iglesia actual habría sido terminada en 1904 y consagrada en 1929, marcando un momento clave en el desarrollo religioso y urbano del pueblo. Su fachada sobria y elegante da paso a un interior cálido y acogedor, donde destacan sus altares en madera tallada, varias imágenes religiosas tradicionales —entre ellas, por supuesto, la de la Inmaculada Concepción— y un ambiente que invita al recogimiento.

Además de ser un lugar de valor histórico y arquitectónico, la iglesia sigue teniendo un rol activo en la vida de la comunidad. Aquí se celebran misas, fiestas patronales, matrimonios y otros eventos religiosos que convocan tanto a los habitantes de Tabio como a visitantes.


Una parada imprescindible si deseas conocer no solo la historia material del pueblo, sino también su espiritualidad y tradiciones vivas.


El Jardín Botánico

De acceso gratuito y con más de 25 años de historia, es un pequeño oasis natural que invita a pasear con calma y atención. Este espacio alberga un sereno lago, rodeado por una variedad de árboles nativos como el arrayán, el caucho sabanero, el siete cueros, el aliso y el chalchal, entre otros. Estos árboles no solo ofrecen sombra y belleza, sino que también atraen a múltiples especies de aves, convirtiendo el jardín en un refugio perfecto para la observación y la contemplación.

Uno de los elementos más llamativos del jardín son tres esculturas de cabezas femeninas, que representan las etapas de la vida: juventud, adultez y vejez. Estas obras, además de enriquecer el entorno con arte, invitan a reflexionar sobre el paso del tiempo y la conexión entre la naturaleza y la experiencia humana.


Un lugar sencillo pero lleno de significado, ideal para una caminata tranquila o simplemente para sentarse a observar cómo la vida fluye en medio del verde.






Caminata hasta las Capillas de Carrón

En el jardín me comentaron sobre una caminata interesante que valía la pena hacer. Pregunté un poco más y decidí emprender el recorrido: unas dos horas de subida constante a buen ritmo, por el mismo camino que lleva a la mística Peña de Juaica, saliendo desde Tabio.

El sendero, flanqueado por árboles nativos, serpentea entre casas de campo y fincas, mientras el silencio del entorno invita a perderse en los propios pensamientos. Es de esos trayectos en los que, caminando en soledad, uno reflexiona de todo un poco.

Finalmente, llegué a ese lugar donde la espiritualidad y la naturaleza se encuentran en perfecta armonía: las Capillas de Carrón, dos pequeñas construcciones enclavadas en medio del bosque. Una está dedicada a la Virgen de Guadalupe, y la otra —Nuestra Señora del Refugio—. También hay una imagen de la Virgen tallada en una roca y una cruz que parece abrazar el paisaje.

Es una caminata ideal para ejercitar el cuerpo, pero también para renovar el espíritu. En el camino se puede hacer alguna pausa para escuchar el canto de los pájaros, admirar las mariposas multicolores que cruzan el sendero o tomar un jugo fresco en alguno de los puntos cercanos al destino. 




Somos Mhuyscas

Después de bajar de las capillas, aproveché para disfrutar un delicioso postre y darme un respiro antes de asistir al desfile de Somos Mhuyscas. El evento tuvo lugar en un espacio verdaderamente especial: un precioso restaurante ubicado en una antigua casa colonial, donde también funciona la encantadora librería Matorral.

Allí, entre arquitectura con historia y ambiente cálido, los modelos —entre ellos mi querido amigo Sebastián— desfilaron para mostrarnos el increíble vestuario que Somos Mhuyscas teje con técnicas ancestrales y un profundo respeto por la tradición. Si me siguen en Instagram, ya habrán visto que tengo una de sus ruanas-manta, pero antes de que termine el año estoy segura de que me autoregalaré ese chaleco-peto que no me saco de la cabeza.


Lo más difícil con las colecciones de Somos Mhuyscas es elegir solo una prenda: ¡todo es hermoso!
Un grandísimo abrazo a Steven y Valerio por su cercanía y gentileza de siempre.




Tabio, me enamoré de ti. Sin duda volveré pronto, todavía me quedan recorridos por descubrir y visitas pendientes que me esperan con los brazos abiertos.