Tocancipá es un municipio ubicado en el altiplano cundiboyacense, a 26 kilómetros al norte de Bogotá, a 2.606 msnm. Su nombre se lo debe al pueblo indígena Toquencipe, que significa "Pampalinas de nuestro padre" o "Valle de las alegrías del Zipa", el cual se encontraba junto a los pueblos de Unta y Tibitoc cuando llegaron los Españoles y fundaron Tocancipá en 1593.
Sin embargo, las excavaciones de El Abra revelaron la presencia de poblados que datan de hace 12.500 años, lo que lo convertiría en el más antiguo del país.
A nivel histórico, cabe destacar la batalla entre las tropas de Gonzalo Jiménez de Quesada y Tisquesusa, el último Zipa, ocurrido en Tibitó, hoy en día una vereda de la ciudad.
Tocancipá (y Gachancipá) es famoso por haber sido uno de los principales centros alfareros de la comunidad Muisca, pues su economía estaba basada en la fabricación de vasijas de barro que servían para el trueque de productos de primera necesidad como la sal, las telas, las esmeraldas y los alimentos de la región. Los salineros de Zipaquirá y Nemocón "compraban" estas gachas, también llamadas moyas, pues eran utilizadas para el proceso de elaboración de los panes de sal, mediante la evaporación de la salmuera hasta lograr la compactación; luego se rompían las gachas y quedaban los bloques de sal. Buen testigo de esto es el monumento que preside el centro de la plaza principal de Tocancipá, el Ollero de Tocancipá, escultura basada en un dibujo del pintor colonial Ramón Torres Méndez.
En la plaza también se encuentra la Iglesia de la Virgen del Tránsito. ¿Y por qué se llama así? Porque según la doctrina cristiana, la Virgen María no murió, sino que su alma y su cuerpo transitaron de la tierra al cielo, de allí el nombre de "tránsito".
Otro atractivo de la pequeña ciudad es su estación de ferrocarril. Su construcción, a cargo de la firma belga Société Nationale des Chemins de Fer, inició en 1925. Desgraciadamente, como casi todas las estaciones de ferrocarril del Nordeste, está hoy en desuso y solo se realizan de vez en cuando algunos actos culturales.
También me llamaron la atención los murales que uno puede encontrarse por esta pequeña ciudad, muchos de ellos recordando la fauna, la flora y el pasado de la región.
Aunque estos lugares se encuentren a las afueras de la ciudad, Tocancipá es hoy muy conocida por el Parque Jaime Duque, el Autódromo de Tocancipá, el Museo de las Fuerzas Militares, el Museo Aeroespacial de la Fuerza Área Colombiana y su amplia industria, pues allí se encuentra una de las embotelladoras de Coca-Cola más grande del país.
Pero si hay un lugar absolutamente mágico que me ha dejado sin palabras (ya verán, pongo muchas fotos pero la arquitectura lo vale), éste es sin duda Nuestra Señora de Fátima, la Iglesia de los Caballeros de la Virgen. Ubicada a unos 10 minutos de Tocancipá, es un sitio con una energía muy especial, muy espiritual y refrescante al mismo tiempo, y con mucha luz. Esta iglesia templaria de estilo neogótico colorido fue construida por la comunidad religiosa de Brasil Los Heraldos del Evangelio, también conocidos como Caballeros de la Virgen. Su construcción inició en 1995 y duró diez años.
Los fines de semana, los sacerdotes atienden para confesiones y celebran eucarísticas.




















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