El ajiaco es uno de los platos más representativos de Bogotá, capital de Colombia. Esta sopa espesa y reconfortante tiene un origen ancestral que se remonta a los Muiscas, pueblo indígena que habitó (y habita) la altiplanicie cundiboyacense.
Ellos preparaban una sopa a base de papas, maíz y ají —de ahí proviene su nombre— como parte de su dieta cotidiana.
Con la llegada de los colonizadores españoles, el ajiaco incorporó nuevos ingredientes como el ajo y las carnes, especialmente el pollo.
Más tarde, en el siglo XIX, la influencia culinaria francesa trajo consigo la adición de crema de leche y alcaparras, transformando el plato en la versión que hoy conocemos.
Actualmente, el ajiaco se sirve con pollo desmechado, mazorca tierna, papa en diferentes variedades, guascas (una hierba aromática local), alcaparras, crema de leche y aguacate.
Su preparación cuidadosa y su sabor reconfortante lo han convertido en símbolo de la identidad bogotana. Tanto así, que cada año se celebra un concurso para elegir el mejor ajiaco de la ciudad.
Aunque el ajiaco tradicional es propio de Bogotá, en otras regiones del país existen versiones con ingredientes y estilos adaptados a sus contextos culturales y gastronómicos.
Un ajiaco auténtico y sabroso debe incluir:
Tres tipos de papa:
Papa sabanera, de textura firme
Papa criolla, amarilla y de sabor dulce
Papa pastusa o paramuna, ideal para espesar la sopa
Pollo (preferiblemente muslo o pechuga desmechada)
Mazorca (trozos tiernos de maíz)
Guascas, la hierba indispensable que le da su sabor característico
Cebolla, ajo, sal y pimienta al gusto
Crema de leche y alcaparras, añadidas al gusto en el momento de servir
Acompañamientos tradicionales: aguacate en tajadas y pan con mantequilla
El ajiaco no es solo un plato; es una expresión de historia, tradición y sabor colombiano. Ideal para los días fríos de Bogotá, esta sopa sigue conquistando corazones por su sabor profundo y su rica herencia cultural.
La Chicha es el nombre que reciben varias bebidas de las más conocidas de Hispano América que suelen resultar de la fermentación no destilada de maíz y otros cereales del continente americano.
Dado que es diferente según los países, me centraré de momento en la Chicha que se consume en Colombia.
En Colombia, tiene su origen en el altiplano cundiboyacense, donde residían los Muiscas, quienes la llamaban facua en su idioma nativo. Fermentada a base de maíz en agua endulzada con miel o panela, jugaba un papel fundamental pues según ellos, endulzaba la palabra, nublaba el pensamiento para resultar en amor dulce. Los nativos también la usaban en diversos rituales y hoy en día, hace parte del redescubrimiento de la cultura muisca, o chibcha, por parte de los indígenas de este siglo.
Durante la colonización fue ampliamente consumida. Es entonces cuando los españoles le dieron este nombre, el cual significa diarrea en la lengua muisca. Sin embargo, en 1948 su fabricación y consumo fueron prohibidos, oficialmente por razones sanitarias, acusada de embrutecer a las personas. En realidad, esta prohibición permitió fomentar el consumo de cerveza a través de subsidios a las empresas cerveceras, y más particularmente a Bavaria y la Germania, un duro golpe para los indígenas quienes vieron sus ingresos reducirse. Esta prohibición solo sería cancelada en 1991, cuando se reconocería la tradición indígena como nacional en la constitución.
Símbolo cultural del país, se sirve tradicionalmente en totumas o platos de barros.
Si hay una tradición que sorprende a los extranjeros cuando llegan el echarle queso al aguapanela. La panela es un producto nacional colombiano y muy consumido en el país. Se obtiene de la caña de azúcar y se consume a todas horas. Tiene un sabor dulce que puede acompañar cualquier tipo de comida. Sin embargo, en algunas regiones de Colombia, se sirve caliente con queso al lado y la tradición requiere que se ponga el queso (ha de ser uno que se derrite) dentro de la bebida.
A mí, mientras estaba de inducción en Bogotá antes de salir al Chocó, hace ya casi siete años, me llevaron a Montserrate y me invitaron a hacer como ellos. ¡Y efectivamente! Resulta que esta mezcla es de-li-cio-sa.
Estas onces suelen venir acompañadas de la almojábana, que es un pan redondo hecho de harina de maíz con queso.
La Changua es un plato colombiano típico de la región cundiboyacense, que suele tomarse para desayunar.
Elaborada a base de huevo, leche de vaca, calado (pan duro), agua, cilantro, cebolla y papa, algunas versiones incluyen almojábana, arepa o pan de maís en lugar de calado.
La palabra "changua" proviene del muysca "sie" y "nygua", lo que significa "agua y sal", o "aguasal".
Aunque tenía mis reservas la primera vez que probé la Changua, sobre todo por la mezcla de ingredientes que tiene, he de decir que me gustó mucho y elijo esta preparación cuando quiero un desayuno especial.
El Calentado es otro desayuno típico de Colombia. Nacido en la región andina, como su nombre lo indica, se trata de calentar las sobras de la cena anterior, y, dado que en los Andes los frijoles y el arroz constituyen la típica cena familiar, el calentado más tradicional, el calentado paisa, es el que lleva estos ingredientes, los cuales se sirven con arepa, chorizo, huevo, chicharrón (a veces carne a la parrilla) y chocolate caliente.
Sin embargo, como se trata de "sobras", las variaciones son múltiples y podemos encontrar calentados con pasta, el calentado costeño que lleva arroz con coco, huevo, cerdo, ají dulce y patacones; el calentado cachaco con arroz blanco, carne de res, pollo, huevo y papas sabanera; y así tantos como gustos tenga la gente.
Se trata sin duda de un plato imprescindible cuando se visita Colombia.
Bogotá es conocida también como La Nevera, por varias razones, pero una de ella es por el frío que hace en la capital, sobre todo cuando se pone el sol, y ¿qué podemos tomar para el frío en la calle? El canelazo es lo más típico, y cuando se prefiere sin alcohol, uno se decanta por la aromática.
Se trata de una bebida caliente típica de los Andes, con lo cual también se consume en países como Ecuador, Perú o Argentina.
Elaborada a base de frutas naturales como papayuela, limón, maracuya, naranja, entre otras, y agua caliente, la aromática se puede saborear con miel. De desear convertirla en canelazo, solo basta con añadirle el alcohol que más le guste: aguardiente, ron, o whisky
Con o sin alcohol, esta bebida les hará entrar en calor, así que si van a recoger el centro con clima frío o asistir a unos de nuestros tours fantasma de noche, no lo dude más, y ¡tómese un buen canelazo antes de iniciar!
¿Dónde disfrutar de la Aromática o del Canelazo tradicional en Bogotá?
En la Plaza de Bolivar, al pie de las escaleras de la Catedral Primada, reconocerán el puesto por la greca o cafetera y la sombrilla verde.
Después de casi 4 años en Bogotá, regresé a Europa por unas dos semanas, de visita. No fue mucho tiempo, y más considerando el tiempo de viaje, pero es el tiempo que tenemos de vacaciones anualmente.
Empezamos por visitar a mis padres, en el norte de Francia y creo que, además de la familia, lo que me gusta de esta zona son realmente los increíbles atardeceres que podemos disfrutar. Mis padres viven a escasos kilómetros de la playa e ir a ver los numerosos matices y colores es algo que tengo que hacer al menos una vez cada vez que regreso donde crecí.
Quend Plage les Pins
También fuimos a Montreuil-sur-Mer, una ciudad fortificada desde la cual solía coger el tren casi cada semana cuando estudiaba, y regresamos por la Baie d’Authie, donde también disfrutamos del atardecer y de la presencia de algunas focas que suelen vivir allí.
Montreuil-sur-Mer
Baie d'Authie, Berck-sur-Mer
Cerca de allí se encuentra el Parc du Marquenterre donde se puede hacer aviturismo -bueno, la verdad es que yo suelo ver el pájaro una vez emprende el vuelo, pero me gusta escuchar sus cantos y silbidos, acompañados del frisar de los árboles y arbustos, romper el silencio.
Parc du Marquenterre
Desgraciadamente, tres días y medio no dan para mucho y nos quedaron cosas por visitar en la región, pero también es una buena excusa para regresar.
Barcelona fue la segunda parada. Allí estuvimos cuatro días durante los cuales, además de poder reencontrarme con algunos amigos, las principales obras de Gaudí fueron el principal centro de las visitas. A destacar lo complicado que convirtieron el poder entrar a la Sagrada Familia y de allí una de las frases que quedará en la memoria: “todo eso para entrar a una iglesia”. No podían faltar tampoco la Casa Battló, la Pedrera -que hicimos de noche para poder disfrutar del espectáculo de luz y música- y el Park Güell. Evidentemente no podían faltar Las Ramblas, la Boquería, la Barceloneta, el Passeig de Gràcia, el Passeig Lluis Companys y parte del barrio de Gràcia, pues también pasamos por la Casa Vicens, aunque no llegamos a entrar.
Casa Batlló & Estatua de Antoni Gaudí (Gaudí Experiència 4D)
Espectáculo de luces y música en el techo de La Pedrera (Casa Milà) & Recepción con degustación de cava
Park Güell
Luminario en Plaça Reial & Sagrada Familia
Montserrat, un cerro ubicado a unos sesenta kilómetros de Barcelona, era un lugar al cual quería regresar, pues si bien es verdad que cuando vivía en España solía ir al menos una vez al año, también el hecho de que el cerro de Montserrate lleve su nombre debido a esa montaña lo convertía en un lugar imprescindible para visitar en este viaje (en este post, lo explico más detalladamente).
Nos tomó un día completo pero una caminata en la naturaleza siempre vale la pena. A parte de batir mi propio record para subir al mirador de Sant Jeroni, llegando en hora y media (se ve que “me faltaba motivación”), entramos al museo que queda al pie de la abadía: una visita muy recomendable donde se puede disfrutar de algunas obras poco conocidas, como las primeras pinturas que Pablo Picasso realizó cuando todavía era un joven adolescente. Además, el guarda de seguridad del lugar es una mina de información e informa más que el propio audioguía.
Vista desde el Mirador de Sant Jeroni
Al salir entramos a la abadía para ver “la moreneta”, a la cual llegamos sin tener que hacer fila. Y la frase “no vamos a estar todo el día acá, ¿o sí?” pronunciada al bajar del teleférico también se quedará en la memoria, pues tuvimos que darnos prisa para no perder la última cremallera que nos devolvería a Monistrol de Montserrat, de donde cogimos el tren de regreso a Barcelona.
También tocará volver a Barcelona, pues faltaron otros puntos como Montjuic, la playa de día, el barrio de Gràcia, el Camp Nou, la Casa de les Punxes, así como algunos alrededores de la ciudad donde vale la pena ir. Pero tomamos agua de la famosa Fuente de Canaletas, así que confiemos en que pronto podremos volver!
Detalles con los que uno se encuentra al caminar por las calles de Barcelona
Decidimos realizar todos los recorridos largos dentro de Europa por tren, pues a parte de ser el medio de transporte que menos CO2 emite por persona, es también el más práctico al no tener que llegar con demasiada antelación y al poder llevar maletas sin que nos cobren gastos adicionales. Además es muy cómodo, uno ve paisajes y puede descansar bien.
Estación de Montpellier, Francia
Nuestra última parada fue París, donde pudimos estar un par de días antes de coger el avión de vuelta a Colombia. Aprovechamos para visitar el Museo del Louvre, ir y disfrutar de Montmartre (adoro ese barrio), pasar por el Arco de Triunfo, el Moulin Rouge, dar un paseo por el río Sena (donde nos quedamos helados) y probar muchas especialidades culinarias, como la sopa de cebolla, los mejillones con papas fritas, los crepes, el steak tartare, unos vinos,…
Montmartre
Museo del Louvre: la Libertad guiando el Pueblo, Eugène Delacroix
Museo del Louvre
Museo del Louvre: Mona Lisa (Gioconda), Leonardo Da Vinci
Al estar nuestro hotel cerca de la Torre Eiffel, estuvimos varias veces allí, aunque no pudimos subir (también tocará volver para eso y visitar las catacumbas que estaban cerradas en ese momento) pero lo que hicimos fue convertirnos en niños nuevamente y subirnos al tío vivo que hay delante. Aunque no tenga las fotos, ese es otro de esos momentos especiales que quedará grabado en mi memoria.
Entrada Metro
Gracias a mi compañero de viaje y aventuras por acompañarme. Te amo.
Muro de los "Je t'aime" en diferentes idiomas, Montmartre
18 años en Barcelona dan para mucho… para encontrar lugares con encanto, otros con menos y otros que mejor no voy a citar.
Aquí va un recopilatorio de esos sitios que me gustaron, ya sean por una razón o por otra, por su entorno y/o por su comida. Veréis que después de tantos años, tampoco hay muchos… y es que Barcelona se ha convertido en tal parque de atracciones para turistas y poco más que resulta a veces complicado encontrar un sitio donde uno se sienta a gusto.
Aquí van mis “coups de coeur”, mis favoritos, esos lugares a los que espero poder volver cuando regrese de visita a la ciudad condal:
Espai de Gats - Cat Café
El mejor lugar para tomarse un café, un té, un refresco o una cerveza rodead@ de preciosos gatos, todos ellos provenientes de refugios y que se pueden adoptar.
Un bonito entorno, donde también se puede jugar o dar mimos a los peluditos que se presten a ello.
Espai de Gats también ofrece cupcakes, nachos,...
Un consejo: es mejor reservar antes de ir.
https://www.espaidegats.com
Charlot Café
Patatas bravas, que pican "con amor"
En esta cafetería-bar del Eixample de Barcelona, resulta igual de agradable tomarse un café con un trozo de sus deliciosos pasteles (el red velvet solo es un ejemplo), que ir a comer uno de sus elaborados menús de lunes a viernes o ir a tomarse una copa y tapear.
De la decoración, en su mayor parte ambientada entorno a Marilyn Monroe, hasta los platos, todo está hecho "con amor".
https://www.facebook.com/CHARLOTCAFEBCN/
Cóctel Bloody Mary, uno de mis favoritos
Conesa
Ubicado en una esquina la Plaza Sant Jaume, Don Pedro Conesa abrió este restaurante en 1951. Empezó vendiendo vasitos de vino, acompañándolos con taquitos de queso y jamón, así como galletas.
Hoy en día sigue siendo el mejor sitio de Barcelona para comer un frankfurt, aunque también han ampliado mucho la carta, incluyendo también bocadillos vegetarianos, veganos y con wasabi.
http://www.conesaentrepans.com/index.html
el famoso frankfurt Conesa
Copa Cafè
Allí solo fui de tarde-noche, a tomar un delicioso martiroska o una cerveza, con patatas bravas de la casa y otras tapas como los provolones. La carta también ofrece pequeñas pizzas, torradas, bocadillos y otros platos.
Este bar, situado en Avenida Gaudí, cerca de la Sagrada Familia, ofrece un ambiente íntimo, con buena música y en ocasiones partidos de fútbol.
http://copacafebarcelona.cat
Dolce Pizza y Los Veganos
Sin duda uno de los mejores restaurantes veganos de Barcelona.
Aparte de un ambiente que promueve la ecología y el reciclaje, el personal es encantador y muy cercano.
En la carta, ofrecen una gran variedad de pizzas, ensaladas, hot dog, hamburguesas, pastas,... además de una amplia gama de postres, todo hecho en casa.
¡Un must en Barcelona!
¡¡Unas pizzas riquísimas!!
https://www.facebook.com/dolcepizzaylosveganos/
El Vaso de oro
En Barceloneta, hay una cervecería que parece llevar allí toda la vida. Parecerá evidente pero allí uno no puede dejar de tomar la cerveza. Con tal variedad que uno no sabe cuál elegir, siempre opto por la que elaboran ellos y que en muchas ocasiones se alzó con premios de mejor cerveza en diferentes concursos. También recomiendo probar algunas de sus tapas como, por ejemplo el solomillo con foie o los chocos.
http://www.vasodeoro.com
Kahala
Desde 1971, esta coctelería hawaiana ubicada en la Avenida Diagonal, cerca del centro comercial L'Illa, ofrece una carta de cócteles únicos, servidos en unos vasos típicos, todo en un ambiente que nos lleva a otra parte del mundo, donde el ruido del agua de las fuentes y de los acuarios, junto con la música de las islas del Pacífico nos relaja.
http://kahalabarcelona.com/inicio/
La Trocadéro
En el corazón de Barcelona, muy cerca de la Sagrada Familia, se encuentra este restaurante de comida rápida 100% vegano. La carta es sencilla: hamburguesas, hot dogs y algunos complementos, pero todo parece tan sabroso que uno no sabe qué elegir... aunque mi favorita es la campburg, acompañada de patatas especiadas.
http://www.latrocadero.com
Piacere Caffé
El mejor lugar donde relajarse y leer, en frente de la Sagrada Familia. Tomar un café o un té, acompañado de un dulce en este bar-restaurante italiano, en una de sus salas donde las estanterías llenas de libros dan ganas de quedarse horas y horas.
Tal y como lo comenté en anteriores publicaciones, aunque Quibdó sea la capital de la región del Chocó (Colombia), es bastante pequeña y poco hay que hacer en general, y a nivel cultural, aún menos (de momento, no hay ni sala de cine de hecho).
Sin embargo, a las pocas semanas de llegar, mi compañero halló una cafetería cultural y me la hizo descubrir. Poco a poco, fui hablando con los dueños, Velia y Roger, y aprendiendo más sobre su creación, así como sobre todas las actividades que allí se llevan a cabo.
Ubicado en el barrio Roma, cerca de la catedral, Motete es un lugar de paso obligado para todos los amantes de la lectura y de la cultura, que abrió en febrero de este año.
¿Qué es un motete?
Un motete es una cesta o una canasta, tejido con mimbres, juncos, espartos u otras plantas, que suele contar con un asa central para facilitar su manejo, en el cual se suele usar para transportar comida.
Historia de Motete
Velia y Roger vivieron 15 años en Medellín (Antioquia). Velia tenía un trabajo que no acababa de satisfacerla del todo. Además le diagnosticaron una enfermedad y uno de sus amigos sufrió dos paros cardiacos. Al visitar a éste en el hospital, le vio tranquilo, pues él había hecho todo lo que quería en su vida. Esta visita le hizo replantearse su vida y tomar la decisión de dejar el trabajo. Se lo comentó a Roger, su esposo, y un par de semanas más tarde, ella estaba en Bahia Solano, en la costa pacifica chocoana. Roger en cambio se quedaría en Medellín más tiempo.
En Bahía Solano, abrió un negocio de juegos infantiles. Allí estaba feliz, pues cada día podía dar largos paseo por la playa, a orillas del mar, otra de sus pasiones. Poco después, le propusieron participar en un proyecto que la hizo viajar por todo el departamento. Sin embargo, al regresar a Medellín para visitar a su esposo, le diagnosticaron una celulitis que le impedía caminar por el agua. Así, a su gran pesar, tenía que dejar Bahía Solano. Por esta razón, en noviembre 2015, decidió instalarse en Quibdó, donde podía seguir con el mismo proyecto.
Una vez instalada en la capital chocoana, Roger le mandó el resto de sus cosas que todavía seguían en Medellín. La primera caja que abrió contenía todos sus libros, y uno en particular titulado Dime qué lees y te diré quién eres (Federico García Lorca), donde se describe lo necesaria que es la cultura en los pueblos. Al ver este libro, que tantos recuerdos le traían, Velia pensó en que quería llenar su motete de comida para el alma: libros y cultura, pues para que uno pueda elegir por si solo, hace falta tener un pensamiento crítico, el cual se adquiere leyendo.
Llenó su motete de libros y empezó a ir por las calles de Quibdó leyendo a los niños. Poco después, en Semana Santa de 2016, realizó un taller en el Banco de la República. Siguió leyendo y leyendo para los niños en distintos barrios de la capital, hasta que tomó la decisión de crear un club de lectura para niños, así como un club para mujeres. Buscó un espacio donde llevar a cabo estos clubes hasta que la Universidad le concedió uno el 25 de junio de 2016. Mientras tanto, el Banco de la República le pidió orientar a maestros.
Poco después Velia ganó una beca en escritura creativa de literatura para niños.
Cuando volvió a encontrarse con su esposo, éste la vio tan feliz que le preguntó por qué no abría un negocio entorno a la difusión de la cultura. En noviembre, ella renunció a su empleo para empezar a trabajar más en serio sobre ese proyecto de cafeteria cultural que llevaba ya tiempo rondando en su cabeza. En enero de 2017, encontraron el local donde desarrollar la actividad y en febrero abrían al público.
En la actualidad
Motete sigue apostando por la cultura para brindarles un mejor futuro a todo el que quiera, así como por la gastronomía con un segundo local que abrió hace poco en la 24 con la tercera.
En el local del barrio de Roma, además de retomar los clubes de lectura, organizan más actividades culturales como teatro, música, exposiciones de fotos, baile, presentación de libros y tienen prevista alguna exposición de pintura. También se proyectan películas y se hacen ciclos de cinema, se lleva a cabo la “hora del cuento” así como talleres de lectura en voz alta para niños, se prestan libros, y se siguen realizando lecturas itinerantes.
pruebas de sonido antes de un concierto por la noche
Regularmente se organizan Mingas de Saberes, es decir espacios de conversación sobre temas muy variados. De los últimos destacaremos una minga sobre la herencia africana en el lenguaje local, otra sobre arquitectura para no arquitectos.
Actualmente tienen activos 8 clubes de lectura en todo Quibdó, donde atienden a unos 270 niños. Preven abrir otro club de mujeres y siguen con la formación a maestros.
¡Esto no es todo!
En Motete uno también puede disfrutar de gastronomía local, disfrutando de un magnífico sanduche, acompañado de un jugo natural fresco, elaborado con las frutas de la región.
¿Cómo ayudar a hacer crecer este proyecto tranquilo, sin excesos y lleno de amor?
Aparte de ir y disfrutar de un momento de tranquilidad en Motete o de las diferentes actividades organizadas en el local, también existe la Motetienda, donde puede adquirir productos artesanales de la región.
Motete también ha abierto una campaña de crowdfunding para seguir desarrollando los clubes de lectura a niños. Por cada 100.000 pesos colombianos (aproximadamente 35 dólares), se garantiza el club de lectura a un niño durante 3 meses:
Espero que les haya gustado este artículo sobre uno de mis sitios favoritos en Quibdó. Les invito a compartirlo para que pueda llegar a un máximo de gente y que así, juntos, podamos seguir aportando cultura a los niños que más lo necesitan.
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